viernes, 13 de junio de 2008

Octavo Principio: el nivel de vida de un país depende de su capacidad para producir bienes y servicios
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10 Principios de la economia.

Las diferencias entre los niveles de vida de los distintos países son asombrosas. En 1993, el americano medio tenía una renta de $25.000 aproximadamente. Ese mismo año, el mexicano medio ganaba $7.000 y el nigeriano medio ganaba $1.500. Como cabría esperar, estas grandes diferencias entre los niveles medios de renta se reflejan en los indicadores de la calidad de vida. Los ciudadanos de los países de renta alta tienen más televisores, más automóviles, una nutrición mejor, una asistencia sanitaria mejor y una esperanza de vida mayor que los ciudadanos de los países de renta baja.

Los cambios que experimentan los niveles de vida con el paso del tiempo también son grandes. En Estados Unidos, las rentas han crecido históricamente alrededor de un 2% al año (una vez tenidos descontados los cambios del coste de la vida). A esta tasa, la renta media se duplica cada 35 años. En algunos países, el crecimiento económico ha sido aún más rápido. Por ejemplo, en Japón la renta media se ha duplicado en los últimos 20 años y en Corea del Sur se ha duplicado en los últimos 10.

¿A qué se deben estas grandes diferencias entre los niveles de vida de los distintos países y de distintas épocas? La respuesta es sorprendentemente sencilla. Casi todas las diferencias entre los niveles de vida son atribuibles a las diferencias existentes entre los niveles de productividad de los países, que es la cantidad de bienes y servicios producidos con cada hora de trabajo. En los países en los que los trabajadores pueden producir una gran cantidad de bienes y servicios por unidad de tiempo, la mayoría de las personas disfrutan de un elevado nivel de vida; en los países cuyos trabajadores son menos productivos, la mayoría de las personas llevan una existencia más precaria. Asimismo, la tasa de crecimiento de la productividad de un país determina la tasa de crecimiento de su renta media.

La relación fundamental entre la productividad y los niveles de vida es sencilla, pero sus implicaciones son transcendentales. Si la productividad es el principal determinante de los niveles de vida, otras explicaciones deben tener una importancia secundaria. Por ejemplo, podría ser tentador atribuir a los sindicatos o a la legislación sobre el salario mínimo el aumento que ha experimentado el nivel de vida de los trabajadores americanos en los últimos cien años. Sin embargo, el verdadero héroe de los trabajadores americanos es su creciente productividad. Por poner otro ejemplo, algunos observadores han afirmado que el aumento de la competencia procedente de Japón y de otros países explica el lento crecimiento que han experimentado las rentas en Estados Unidos durante los últimos años. Sin embargo, el verdadero villano no es la competencia del extranjero, sino el crecimiento cada vez menor de la productividad en Estados Unidos.

La relación entre la productividad y los niveles de vida también tiene profundas implicaciones para la política económica. Cuando nos preguntamos cómo afectará una medida cualquiera a los niveles de vida, la pregunta clave es cómo afectará a nuestra capacidad de producir bienes y servicios. Para elevar los niveles de vida, los responsables de la política económica tienen que elevar la productividad asegurándose de que los trabajadores tienen un buen nivel de estudios, poseen las herramientas necesarias para producir bienes y servicios y tienen acceso a la mejor tecnología existente.

Por ejemplo, durante la última década se ha debatido mucho en Estados Unidos el déficit presupuestario público, es decir, el exceso de gasto público sobre los ingresos del Estado.

Como veremos, la preocupación por el déficit presupuestario se debe en gran medida a su repercusión negativa en la productividad. Cuando el gobierno necesita financiar un déficit presupuestario, pide préstamos en los mercados financieros, de la misma manera que un estudiante puede pedir un préstamo para financiar los estudios universitarios o una empresa puede pedir un préstamo para financiar una nueva fábrica. Cuando el Estado se endeuda para financiar su déficit reduce, pues, la cantidad de fondos de que pueden disponer otros prestatarios. Por lo tanto, el déficit presupuestario reduce la inversión tanto en capital humano (la educación del estudiante) como en capital físico (la fábrica de la empresa). Como una reducción de la inversión hoy significa una productividad menor en el futuro, generalmente se considera que los déficit presupuestarios reducen el crecimiento de los niveles de vida.

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